Moléculas y Cultura. Neuropsicología de la endocrinología

Moléculas y Cultura. Neuropsicología de la endocrinología

La metáfora que el cerebro es análogo a un ordenador, es infeliz.  El funcionamiento del cerebro humano se basa en el sistema de equilibrio muy delicado que tiene un nivel más elemental de moléculas y como regulador al más alto nivel, la cultura.

De joven me formaron como investigador básico en  las relaciones entre las hormonas y los procesos cognitivos y emocionales . Estudiaba dos modelos: la reacción de estrés y los efectos de las hormonas en la conducta de los pacientes con trastornos endocrinos. Era una época en la que no existía la tecnología para atisbar el funcionamiento del cerebro. Solo disponía de evaluaciones psicométricas y niveles hormonales.

Mis mentores, no psicólogos por cierto, siempre me insisten en que como psicólogo identificado orientarme a la búsqueda de los mecanismos explicativos y no identificar únicamente los paralelismos entre variables biológicas y psicológicas. Esperaban que la psicología tuviera el protagonismo que tenía hipótesis integradoras pero, aunque rara vez cumplía esa meta, este trabajo me permitía publicar resultados originales en revistas de perfil neurobiológico y por mis mis resultados estaban fuera de la visión de los psicólogos. 

Pero también ejercía la atención psicológica a pacientes endocrinos. La psicología clínica no era suficiente porque ellos no tenían trastornos de etiología psicológica; ni tampoco la neuropsicología porque tampoco tienen lesiones focales identificables.  

 Después, contingencias sociales me sacaron del laboratorio y me presionaron a la prevención de discapacidades en niños de zonas desfavorecidas en diferentes países y culturas. Ni mi formación básica ni mi práctica psicológica me sirvieron de mucho. Enfermeras de pueblos perdidos en los Andes me enseñaron más de evaluación práctica del neurodesarrollo de lo que supuestamente iba a entrenarlas. La carencia de un marco teórico que me obligaba a integrar cultura y neurobiología de manera simplista. Buscando orientación epistemológica, el azar me llevó a una relación epistolar de dos años con el filósofo de la ciencia Mario Bunge, sobre la relación entre la psicología y las neurociencias. De ella salió el libro Datos Blandos para ciencias duras, cuya edición corregida y reposada fue acogida por EOS en 2015.

Había dejado atrás esas tareas e incursioné en el diseño de procedimientos de interface cerebro computadora en neurología, porque la edad permite gratificaciones. Pero sentía que se me quedaba pendiente una deuda con la endocrinología porque la neuropsicología contemporánea se sigue orientando principalmente solo a la neurología y la neurocirugía, y no incorpora los conocimientos actuales de las neurociencias sobre el efecto de las alteraciones hormonales en la cognición y las emociones.  

Aprovechando oportunistamente la salida de Datos Blandos para ciencias duras, le propuse a la editora de EOS, un libro que cerrara un ciclo: Neuropsicología de la endocrinología. Un campo en el cual existe un vacío editorial. Un libro que fuese práctico que sin ser un manual de recetas. Que tuviese la teoría neurobiológica pues si no se conocen los mecanismos solo describimos anécdotas, pero que no sobrepasara la paciencia del lector. 

Por segunda vez, y para mi sorpresa, ella nuevamente se arriesgó y aceptó. Le prometí que el libro estaría listo en cuatro meses. Me llevó algo más de un año. 

 Fue muy difícil escribir este libro porque expone contenidos de diferentes dominios con la esperanza de que le sirva al psicólogo a identificar problemas nuevos. ¿Pero cómo combinar material muy heterogéneo de una manera coherente? Me apoyé en m deformación como para que no fuera un libro de certezas. He tratado de destacar mis dudas y las zonas de incertidumbre. No pude evitar inspirarme en el estilo de Darwin en El Origen de las especies. Él brindaba una extensa información para sostener una hipótesis, pero a continuación mencionaba ideas de otros autores que daban una explicación diferente a la suya. Tampoco planteaba sus ideas como enteramente originales, sino como la consecuencia esperable del estado de los conocimientos.

Por eso seleccionando solo  las condiciones endocrinas con cercanías más evidentes con la psicología . Expuse brevemente los principios neurobiológicos que enlazan la enfermedad con el funcionamiento del cerebro en cuanto a los procesos cognitivos y emocionales. Finalmente sugerir prudentemente cualesquiera que sean las acciones más recomendables en cada condición. No pude separar mis influencias dispares del laboratorio, del trabajo de campo y de la consulta. 

Todo esto tratando de trasladar la información básica a la clínica aplicada. Los libros son como los hijos, tienen vida propia y queda por ver si este cumple mi esperanza.

La globalización no solo difumina las fronteras geográficas, sino que nos saca de nuestras disciplinas académicas y nos lleva a pensar en problemas. La psicología no es una excepción. 

 

Autor: Miguel Ángel Álvarez. Neuropsicólogo y autor del libro Neuropsicología de la Endocrinología.



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